Entre los días 25 y 26 de diciembre del 2010, un grupo de casi cuarenta jóvenes de Guatemala que se dirigían al Camporee de Scouts en El Salvador quedaron varados en la frontera entre ambos países por casi un día. Tuvieron que dormir en un salón que les prestaron los agentes migratorios y volver a nuestro país al día siguiente, llenos de frustración.
En el evento que se realizaría en el vecino país, participarían scouts del resto de Centroamérica, Belice, México, Estados Unidos y Brasil, en un programa donde la delegación de cada país competiría por ser la mejor patrulla de la región.
Era, en pocas palabras, el máximo acontecimiento centroamericano de la unidad Scout, y la última oportunidad de vivir una experiencia así para muchos de ellos que pronto cumplirían los 16 años. Las patojas y patojos trabajaron duro seis meses antes y participaron en ocho campamentos preparatorios, con el fin de hacer un buen papel. Algunos de ellos pidieron de regalo de Navidad el viaje al Camporee y otros lograron pagarlo gracias a un enorme esfuerzo de sus familias.

