Aunque vivió buena parte de sus noventa años en México, nunca dejó de hablar con un champurrado acento inglés-alemán mezclado con coloquialismos locales, uno de los rasgos de su singular personalidad (era sensacional escucharle su “Hola, mano”). Incluso ahora que escribo estas líneas para evocarlo, dudo de que alguna vez haya logrado pronunciar correctamente su nombre: Veit (¿Vait?) Gentry Zimmerman.
Comparto algunos de mis recuerdos de este entrañable scout:
Su imagen tan inconfundible como puede serlo alguien que usaba sombrero de cuatro pedradas y bigote estilo zapatista.
Los recorridos por el sótano de su casa en San Ángel, adaptado como museo scout, célebre enMéxico, aunque también el nivel superior que habitaba con Sylvie, su adorable pareja, era de auténtico barroquismo visual, por todas las fotografías y objetos a la vista, producto de sus viajes alrededor del mundo. Particularmente tengo presente una fotografía que se hizo tomar en ¿Copacabana?, donde aparece con una enorme sonrisa flanqueado por dos esculturales brasileñas en tanga (eso sí me consta).



