Los estimo y creo que ellos a mi también, pero, la neta, sà son raros. Me explico: todo quien asiste a un evento scout suele recibir un escudo —parche le llaman en algunos lugares— que porta cosido en su uniforme durante el tiempo que suele durar el mismo.
Luego de eso, muchos de nosotros le quitábamos las gruesas puntadas propinadas con la aguja del costurero de nuestro contenido de bolsillo para guardarla en una caja de zapatos, donde igual fueron a dar los escudos de los subsecuentes eventos a los que asistimos durante muchos años. La mÃa es una cuadrada de color blanco de la desaparecida marca de tenis Canadá.
Algunos otros optaron por coserlos en una chamarra o chaleco, como el de mezclilla usado por el Panqué que, invariablemente, atraÃa la atención en cualquier lugar a donde iba.
Y están los coleccionistas.
A muchos de ellos los conozco de años: José Luis, Roberto, Gabriel, Iván, Salvador, Nacho, Veit,VÃctor y otros más. Se saben distintos y asà se comportan, al grado de crear su propia organización —de coleccionistas, por supuesto— con su propio uniforme, distintivos y eventos, a los cuales han tenido la cordialidad de invitarme.
Entonces suelo llegar a un salón donde los encuentro sentados con parsimonia tras las mesas que exhiben con envidiable orden y pulcritud diversidad de colecciones especializadas: timbres scouts, hebillas scouts, pines scouts, escudos de campamentos scouts, tanto provinciales como regionales, nacionales y mundiales, estos últimos pertenecientes a una de las variantes más especializadas, a mi casi analfabeta entender, equivalente a los montañistas dedicados a escalar las cumbres superiores a los ocho mil metros de altura. Si por ellos fuera, asesinarÃan a personas como el Panqué por la salvajada de coser sus escudos en un chaleco que suelen cargar a todos lados, en lugar de guardarlos con maternal cuidado en una carpeta de exhibición.
Además, no tienen empacho en llegar a pagar por un escudo lo que costó la inscripción al evento donde lo entregaron, o a veces más. Y también pueden dedicarle años a tratar de convencer al propietario del escudo de un determinado evento a que se lo venda, cambie o, al menos, preste.
Lo sé a ciencia cierta porque uno de ellos no deja de hacerme dichas proposiciones por el escudo impreso en vinil del Tercer Encuentro de Expresión y Arte Scout de Meztitla, al que asistà como tropero, cuando empecé a agarrarle gusto por asistir a los eventos nacionales.
Las proposiciones me las hace desde hace años, cada vez que lo veo; también desde hace años dicho escudo se lo presté a otro amigo, coleccionista por supuesto.
Todos ellos buenas gentes. Raros pero buenas gentes.
Arturo Reyes Fragoso
Tomado de su Blog: http://www.milenio.com/node/508478
